
El control sobre el clima ha sido una de las preocupaciones históricas del ser humano. Bien sea por razones agrícolas o sanitarias, las sequías y las lluvias en exceso han regido la vida de nuestra especie tanto como otros factores climáticos, ya sea la temperatura o la humedad del aire.
A lo largo del siglo veinte, la ciencia nos permitió encontrar algunos métodos con los que empujar a la naturaleza en una u otra dirección, y los secretos de la llamada siembra de nubes se van abriendo ante nosotros, aunque no sin causar polémica. En julio de 2004, por ejemplo, el gobierno de la República Popular de China decidió poner fin a la sequía que amenazaba con terminar con las cosechas de la región de Henan, para ello preparó una batería de cañones tierra-aire;; y disparó cargas de yoduro de plata contra las nubes que pasaban sobre ese territorio sin dejar lluvia alguna, el resultado no se hizo esperar y en unas horas comenzó a llover. Sin embargo, los científicos no se ponen de acuerdo acerca de la gravedad de los daños que la exposición continua al yoduro de plata puede tener sobre la población humana.
En el laboratorio de la universidad de Ginebra, el Dr. Jérôme Kasparian ha sido capaz generar nubes disparando pulsos de 220 milijulios durante 60 femtosegundos, lo que crea radicales de hidroxilo y, posteriormente, gotas de agua que se acumulan.
Contra los pronósticos de otros científicos, el experimento también funcionó fuera del laboratorio y el Doctor Kasparian consiguió reproducir sus efectos sobre los cielos de Berlín, donde disparó varios pulsos a sesenta metros de altura y, según las mediciones de los meteorólogos, consiguió aumentar la densidad de las nubes y contribuir a la creación de lluvia.
En un principio, este método no contamina ni produce efectos secundarios que puedan tener reacciones adversas sobre el ser humano, de modo que podemos estar ante una solución eficaz y no demasiado intrusiva con el funcionamiento natural de nuestro planeta al problema de las sequías.











