Desde que el mito de la criogenización de Walt Disney se hiciera popular -en realidad fue incinerado tras su muerte- se ha hablado mucho acerca de la viabilidad de este procedimiento y los estudios al respecto son inconcluyentes porque la principal premisa de las empresas en esta línea de negocio es que, en el futuro, será posible una revivificación. Pese a que muchas autoridades médicas consideran las prácticas de criogénesis como un negocio de dudoso rigor científico, cada año aparecen nuevas filiales en EEUU del Crionics Institute, que empezó a planificarse en los años sesenta y pudo ponerse en funcionamiento en 1976, cuando se empezó a usar la suspensión en nitrógeno líquido para preservar los cuerpos.
Ahora, KrioRus, con oficinas en Moscú y San Petersburgo, se presenta como la primera empresa de criogénesis fuera de los EEUU, y busca competir con Crionics por el mercado internacional. Ambas emprsas cobran un pago único mínimo de 28000$-30000$ para criogenizar un cuerpo completo, aunque es posible pagar por llevar a cabo el tratamiento sólo sobre el cerebro.
La esperanza de que la medicina futura pueda descongelar estos cadáveres y devolverlos a la vida mediante técnicas avanzadas en nanotecnología que permitan la reconstrucción y regeneración a nivel celular se mantiene como principal atractivo de esta solución moderna al último adiós.











