Los resultados fueron reveladores, la mayor parte de os ciudadanos encuestados consideran que es mejor usar poco un elemento contaminador que hacer un uso normal -pero responsable- de una tecnología creada para no contaminar. El estudio revela que un error en la percepción de los encuestados les lleva a adjudicar valores falsos de contaminación a diferentes acciones, de ahí que crean estar adoptando soluciones para no contaminar cuando, en realidad, están tomando medidas paliativas, que tan sólo reducen un poco el daño causado.
Por citar algunos de los ejemplos más interesantes del artículo, el uso de bombillas de bajo consumo y de electrodomésticos diseñados para ser eco-responsables, junto con la creación de un entorno en el que no se pierda el calor o frío producido suponen algunas de las medidas más efectivas para reducir nuestro despilfarro energético. De igual manera, el conducir un coche que ha sido revisado para asegurar que la emisión de gases se ajusta a lo permitido por las normativas resulta más beneficioso para el medio ambiente que conducir un vehículo no revisado, aunque se haga a velocidades moderadas, que también prevén la contaminación, pero en menor medida.
Obviamente, la conclusión del artículo es que es necesario proveer al público con más y mejores herramientas críticas para discernir qué supone un ahorro energético y en que medida nuestro comportamiento es el más adecuado. Hasta que no se consiga eso, las campañas de concienciación seguirán siendo meros parches que sólo son realmente útiles cuando se conjugan con el uso de la tecnología adecuada.











