Las empresas que son capaces de detectar el potencial añadidos por las nuevas tecnologías, y hacer más fácil tareas existentes, tienen mejores posibilidades de tener éxito. Ejemplos de esto lo encontramos en la oferta de ocio audiovisual, que ha visto renovados sus canales de oferta gracias a las nuevas posibilidades de conexión directa con los hogares a través de internet. Servicios como iTunes u otros tantos distribuidores online de música y películas, tomaron un modelo de negocio que estaba entrando en decadencia -con la aparición de la copia digital, los contenidos analógicos van perdiendo competitividad- y aprovecharon las ventajas que les aportaban los nuevos medios para vender canciones o episodios individuales, en vez de obligar a los usuarios/clientes a comprar discos o temporadas. La distribución de películas y series vía online ha alcanzado en EEUU su punto más álgido gracias a Netflix, el servicio que permite acceder a los contenidos mediante streaming de alta calidad, añadiendo funciones de red social al visionado y permitiendo a sus clientes crear listas y colas de reproducción. Otro ejemplo, en la misma línea de negocio, es Spotify, que nos permite escuchar música desde nuestro ordenador o dispositivo móvil con un modelo freemium.
Ninguno de estos servicios podría estar en funcionamiento sin la existencia de las infraestructuras pertinentes, que permitan la distribución de contenidos a través de internet. La estructura propia de la red tal y como hoy la conocemos, con su apertura generalizada y su ausencia de discriminación de conexiones, es parte fundamental del ritmo de innovaciones que hemos presenciado públicamente desde los años noventa. En este mes final de año, en que vemos el regreso de debates acerca de la neutralidad de la red -sencillo vídeo explicativo sobre el tema- la diferenciación de servicios según tipos de subscripción, protocolos y contenidos, deberíamos reflexionar un poco acerca de las consecuencias que esto tendrá para el avance tecnológico y el desarrollo social, más allá de afianzar por unos años un modelo de negocio inmovilista.











