El anonimato, que fuera en un principio uno de los mayores atractivos de la Red, parece haber dado paso a la persecución de la identidad gracias a la aparición de las redes sociales y los contenidos creados por usuarios que necesitan ser encontrados por grupos pequeños y limitados -por ejemplo amigos-, o potencialmente globales -como es el caso de los creadores que desean hacer público sus obras-. Sin embargo, cada vez más nos encontramos con el problema de que, aunque es relativamente fácil mantener un cierto nivel de invisibilidad ante el público general, siempre que se sepan configurar las barreras de privacidad adecuadas, es más difícil usar una identificación única, que se corresponda con la que tenemos oficialmente en la vid fuera de la red. Por supuesto que podemos usar nuestro nombre y apellidos como nombre de usuario en todas nuestras acciones en la red, pero eso no nos garantiza que otra persona -con nuestro mismo nombre o parecido- no vaya a reclamar una identidad que se solape con la nuestra. Además, incluso en el caso en que podamos usar nuestro nombre, eso no tiene una validez oficial, de modo que no podremos reclamar ningún derecho sobre ese nombre ni sobre las acciones que llevemos a cabo con ello.
En España se ha puesto en marcha la iniciativa del DNI electrónico, que permite realizar ciertas gestiones administrativas -oficiales- a través de internet, usando un sistema de autorización e identificación único para cada ciudadano. Este hecho supone un adelanto frente a las restricciones de otros países cuyas leyes internas no contemplan la creación de identificaciones obligatorias gestionadas por el gobierno -como el caso de EEUU, que debate en estos momentos la posibilidad de crear algún tipo de identificación digital-.
El siguiente paso, quizás, pasa para muchos por la vinculación de nuestra identidad acreditada oficialmente con nuestros alias en la red: de esta manera podríamos unir las actividades fuera y dentro de la red de manera más directa. Los principales problemas que esto plantea son la coordinación de identidades e identificaciones aprobadas entre diferentes países, y el aumento de control gubernamental sobre las acciones del individuo, algo que resulta más o menos peligroso, dependiendo del país.











