En realidad, los ya conocidos códigos QR -Quick Response- no son otra cosa que codificaciones de información en dos dimensiones utilizadas en un principio para las mismas tareas que otros códigos de barras: catalogar inventario industrial o comercial. Sin embargo, la llegada de los codificadores y descodificadores a los teléfonos móviles hizo que se convirtieran en una herramienta informativa más.
La principal ventaja de los códigos QR es su pequeño tamaño y la cantidad de información que pueden ofrecer directamente -por ejemplo un texto con los horarios de una línea de autobús urbano- o indirectamente -en forma de enlace a la página web de una compañía-.
En el mundo empresarial, sobre todo en Japón y Estados Unidos, se está empezando a usar los códigos QR en las tarjetas de presentación, de modo que se puede ofrecer mucha más información si ocupar demasiado espacio. Además de tener un mayor impacto visual, que diferencia este tipo de tarjetas de otros cientos de modelos, los códigos permiten incluir una versión abreviada del currículo o cualquier otro tipo de información que queramos hacer llegar de manera sencilla y rápida.
Los códigos QR también forman parte del mundo del arte, y cada vez son más los artistas, como el colectivo español de arte callejero La Pluma Eléctri*k, que los incorpora a sus instalaciones urbanas, o, a nivel internacional, como la colaboración entre el artista japonés Takeshi Murakami y el diseñador Luis Vuitton, que crearon una campaña conjunta usando este tipo de tecnología.











