
El reciente éxito de los implantes de corazones mecánicos y su adopción en muchos países -también en España- como una alternativa viable al uso de corazones donados, ha alimentado la confianza de los investigadores en la posibilidad de sustituir otros órganos con robots programados para realizar tareas vitales.
El ingeniero biomecánico Phillippe Cinquin y el doctor en elecroquímica Serge Cosnier, ambos de la;; Universidad Joseph Fourier de Grenoble, Francia, están desarrollando un método para extraer energía de la glucosa almacenada en el cuerpo humano con el objetivo de cargar unas células de combustible que serían las encargadas de alimentar los órganos mecánicos. El funcionamiento de estas células está basado en enzimas que reaccionan ante la presencia de compuestos como el formado por la glucosa y el oxígeno, que se transforman en energía transmitida por unos mediadores redox a los electrodos receptores, encargados de llevar la carga a los dispositivos elegidos.
Para aprovechar al máximo la energía producida, el equipo ha desarrollado un método para mantener los enzimas y mediadores redox junto a los electrones -para evitar la dispersión que ocasionaría una mayor degradación de la célula- utilizando una restricción química y física, formada por una membrana similar a las utilizadas en los pacientes de diálisis, que permite la entrada de sangre pero no la salida del material de la célula.
Hasta el momento se han realizado pruebas del funcionamiento de las células de combustible en ratas, generando suficiente energía como para alimentar un dispositivo de hasta 6.5 microvatios, y la publicación de su experimento les ha valido la atención de la comunidad científica, ya que la escalabilidad de estas células -es decir, el hecho de que se pueden usar varias para generar más electricidad- permitiría usarlas para crear esfínteres urinarios para pacientes que hayan sufrido la extirpación de la próstata y, en un futuro, quizá para sustituir órganos como los riñones, el páncreas o el corazón.











