
El equipo investigador ha llamado Skinput a la tecnología que permite convertir en comandos informáticos los diferentes tipos de energía acústica generada al realizar pulsaciones sobre partes concretas del brazo.
Cuando se pulsa sobre la piel humana, se producen tres tipos de ondas que podrían ser medidas: las sonoras -a través del aire-, las transversales -a través de los tejidos blandos, como la piel, músculos, tendones…- y las longitudinales -transmitidas a través del hueso-. El Skinput utiliza las dos últimas, registrándolas mediante la incorporación de sensores en una banda ajustada inmediatamente sobre o bajo el codo.
Cada parte del brazo genera energía acústica de manera diferente, y estas variaciones son analizadas por un ordenador y codificadas en diferentes comandos que convierten el brazo humano en un;; dispositivo interacción con el sistema informático. El sistema puede operar usando las yemas de los dedos, las falanges, las palmas, la muñeca y diferentes partes del antebrazo, lo que crea numerosas áreas de trabajo, con diferentes resultados.
Una de las varias pruebas llevadas a cabo por el equipo de Harrison es la incorporación de un mini-proyector Pico que es posible ver un vídeo en el que los creadores de Skinput demuestran cómo funcionaría su invento en diferentes circunstancias.
Es cierto que el prototipo no parece demasiado cómodo, pero la idea es atractiva y, sin duda, en el futuro se perfeccionará para hacerla aún menos instrusiva.
Este tipo de tecnologías nos acerca cada día más al ideal de la “tecnología invisible”, es decir, aquella que forma parte de nuestra vida pero que no aparece a menos que lo requiramos y que permanece junto a nosotros en todo momento. El hecho de que nuestro propio cuerpo ya pueda convertirse en parte de un gadget -o, al revés, que una pieza de hardware pase a formar parte de nuestro cuerpo- nos recuerda que vivimos en una época donde lo cyborg es una realidad.











